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jueves, 8 de abril de 2021

Abril 1945, por Patricia Schaefer Röder

  



Todos los días se levantaba cojeando. Cojeando se alistaba. Cojeando iba calle abajo hasta llegar a su infeliz puesto. No le quedaba más remedio; le tocaba esa función aunque en el fondo la odiara con todas sus fuerzas. Había escapado de la muerte perdiendo medio pie en batalla, y después de recuperarse mediocremente en el hospital militar, lo relegaron a ese trabajo ingrato. Detestaba tener que vigilar a esos hombres iguales a él, que pensaban como él, cuya única culpa fue haberse manifestado en contra del régimen. Les tenía aprecio porque sabía que hacían algo bueno. Compartía con ellos su comida, cigarros y aguardiente. Los mantenía encerrados porque ese era su papel; pero les hablaba y sobre todo, escuchaba lo que le contaban. Se hizo amigo de los detenidos; ellos sabían que podían confiar en él. Tuvo problemas con sus superiores por su trato con ellos. No traicionó a ninguna de las dos partes; escuchaba y callaba. Cuidó a los reclusos durante largo tiempo, hasta el día en que todo cambió. Entonces, los prisioneros salieron y lincharon a quienes los tuvieron encerrados. Uno a uno los mataron sin piedad. Cuando llegó su turno, alguien lo reconoció y lo dejaron ir. Volvió a escabullirse de la muerte ese día. Apurado, cambió sus ropas y cojeando calle arriba, regresó a casa. Más tarde supo que los presos habían acabado con todos. Con todos, menos con el carcelero. 
  
 
© 2007 PSR 
 
 
"Abril 1945" aparece en Yara y otras historias, por Patricia Schaefer Röder 
© 2010 PSR 
Ediciones Scriba NYC 2010 
ISBN 97817326767718 

A la venta en Amazon.com 
 
 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Mariposa nocturna, Patricia Schaefer Röder



soy una mariposa nocturna
que vuela directo
sin escalas
a la fuente de luz
brillante
intensa
que hay en tu alma.
avanzo veloz
sin frenar
sin pensar
no quiero hacerlo.
perdí el control
en realidad me deshice de él
al fin.
no lo necesito
ni lo deseo.
me acerco
cada vez más
mis alas baten el aire
que alimenta ese fuego
inacabable.
me lanzo
segura
embriagada de ti
para quemarme entera
inevitable
masoquista
divinamente.
entonces
somos un solo ser
pura energía
luz y calor
…amor.



©2010 PSR 
 

miércoles, 17 de marzo de 2021

"La cena", Patricia Schaefer Röder




Hola, vieja, mira lo que te traje. Está bonito, ¿no?
—Ajá.
—Perdóname por lo de ayer. Ya sabes que me descontrola cuando llego a la casa y la comida no está lista.
—Ajá.
—Tu ojo ya se ve mucho mejor.
—Ajá.
—Bueno, sírveme la cena, pues. Al menos hoy sí la tienes preparada. Muy bien. Por eso te tengo que mantener en cintura. Si no lo hago, te volverías una salvaje.
—Ajá.
—Tú sabes que es por tu bien. Siempre fuiste una perezosa. Menos mal que me tienes a mí, que te vuelvo a poner en tu sitio para que aprendas.
—Ajá.
—¡A esto le falta sal! ¡Pero bueno, mujer! ¿Qué es lo que te pasa, que ni sabes ponerle suficiente sal a una comida? ¡Qué ineptitud, francamente!¡Pásame la sal, se la pondré yo!
—Ajá.
—¿Qué le pusiste a estos frijoles que saben amargos? Otra vez arruinaste la sazón, vieja. pero bueno, me los comeré; no me queda más remedio.
—Ajá.
—¿Y qué hiciste en todo el día? Seguro que viste todas las novelas de la tarde, ¿no? ¡Qué vagancia! ¿Al menos limpiaste la casa y lavaste la ropa?
—Ajá.
—Pudiste haberte puesto otra ropa para recibirme, ¿no crees? Yo estuve trabajando todo el día como un buey, y cuando regreso a mi casa quiero ver a mi mujer arreglada. ¿Entendiste?
—Ajá.
—Intenta arreglarte, aunque tú no tienes mucho arreglo que se diga. ¿Te has visto al espejo últimamente? Estás gorda, arrugada y llena de várices.
—Ajá.
—Bueno, pero no me queda otra. Nunca serviste para nada más sino para abrir las piernas y luego parir niños.
—Ajá.
—Por cierto vieja, hoy te toca. Así que ya sabes.
—Ajá.
—Mira que luego no quiero excusas.
—Ajá.
—Eso de que te duele la cabeza o que no tienes ganas hoy no lo vas a poder usar conmigo.
—Ajá.
—Me voy a la cama y te espero, ¿entendiste? Y no te tardes, que de pronto me está entrando el sueño.
—Ajá.
—Recoge la cocina y me alcanzas. Y apúrate, ¿oíste? Mira que estoy cansado y mañana tengo que levantarme temprano para trabajar.
—Ajá.
—¡Vieja, ¿ya terminaste?! ¡Apúrate, que te voy a dar lo tuyo! ¡No me dejes esperando en la oscuridad! ¡Ven ya!
—Ajá.
—¿Pero qué es lo que pasa contigo? ¡Estás más lenta que nunca! ¡Termina de venir ya, que cada vez tengo más sueño…!
—Ajá.
—¡Pero cómo te tardas, mujer! ¿Qué tanto haces? ¡Ya casi me quedo dormido!
—Ajá.
—¡Al fin llegaste! ¿No pudiste tardarte más? ¡Espero que al menos la cocina esté limpia!
—Ajá.
—¿Acaso te vas a quedar en la puerta toda la noche? ¡Que vengas ya, te dije!
—Ajá.
—Qué sueño tengo… ¿Qué traes en la mano? ¡Acércate, que no veo bien!
—Ajá.
—¡Oye, tampoco tienes que correr! ¿Pero… qué es eso? ¡¿Un cuchillo…?!
—¡Ajá! 
 
 
 
©2007 PSR 
 
"La cena" aparece en Yara y otras historias, por Patricia Schaefer Röder 
©2010 PSR
Ediciones Scriba NYC, 2010 
ISBN 9781732676718 
 
A la venta en Amazon.com 
 

martes, 16 de marzo de 2021

"Fue bueno", por Patricia Schaefer Röder




Todos sabían, pero nadie dijo nada. Manuela se acercó a la multitud y la gente la saludó como siempre. Eso sí, ella notó que algunas mujeres la miraban con algo de recelo, o con rabia tal vez. Pero ella estaba acostumbrada y no le daba importancia. Los hombres la comenzaron a ver diferente desde ese día. Le decían frases seductoras y le hacían comentarios subidos de tono. A ella le encantaba el nuevo orden de las cosas; le gustaba que los hombres la desearan y no le molestaba que las mujeres la envidiaran. Lo más importante era hacer lo que le gustara y no otra cosa. Nadie le impondría nada más nunca. Finalmente era dueña de su destino. Libre y dueña de sí misma; ella en su totalidad. La alegría la embriagaba y no podía dejar de sonreír. Era feliz. Feliz. Feliz. Ya no dependía de nadie; nadie la amarraría más. Se habían roto las cadenas. De ahora en adelante viviría su vida como ella quisiera. Ella por siempre y para siempre. Siempre queriendo lo bueno. Siempre lo bueno. Lo bueno. Fue bueno que sucediera aquello que todos supieron pero que callaron forzosamente. Fue bueno que más nunca nadie hablara de eso. Fue bueno que ella estuviera en la tienda del gallego cuando su cuñada llamó a la policía. Fue bueno que el oficial se hiciera de la vista gorda al encontrar el cuerpo de Efraín en el sofá con la boca llena de espuma. Fue bueno que ella tirara el resto de las habichuelas por el inodoro. Fue bueno que Efraín se quemara en la hoguera del infierno. Fue bueno que ella tomara la decisión. Fue bueno que la llevara a cabo. Fue bueno que lo lograra. Fue bueno que todos la apoyaran. Fue bueno que Manuela ya no se llamara Manuel. Fue bueno que nadie dijera nada.


© 2007 PSR
 

** "Fue bueno" obtuvo Mención de Honor en el 1er. Certamen Nacional de Poesía, Cuento y Ensayo de la American University of Puerto Rico en Manatí, Puerto Rico 2009. 

"Fue bueno" aparece en Yara y otras historias, por Patricia Schaefer Röder 
©2010 PSR
Ediciones Scriba NYC, 2010 
ISBN 9781732676718 
 
A la venta en Amazon.com 
 
 


viernes, 12 de marzo de 2021

BENDICIÓN, cuento de Patricia Schaefer Röder




Bendición 

Todas las noches antes de irse a la cama, la madre entraba en las habitaciones de sus hijos para asegurarse de que todo estuviese en orden mientras dormían. Con todo el amor arreglaba sábanas y frazadas, los besaba y les susurraba al oído cuánto los quería, lo importantes que eran para ella, y los encomendaba a Dios para que los cuidase. Así hizo, noche tras noche, año tras año, durante toda una eternidad, sin percatarse de que en algún momento, los niños habían crecido y se habían ido de la casa. Y aún ahora, cada noche, la madre repite aquella solemne y amorosa ceremonia de bendición a sus hijos, sin haberse enterado nunca de su propia muerte años atrás…
 
 
"Bendición" aparece en Yara y otras historias, por Patricia Schaefer Röder 
© 2010 PSR 
Ediciones Scriba NYC 2010 
ISBN 97817326767718 
Cómpralo en Amazon.com 
 
 

jueves, 11 de marzo de 2021

BLESSING, translated by Katherine Montague

 
 
Blessing 
 
Every night before going to bed the mother went into her children’s rooms to make sure that everything was in order while they slept. She lovingly arranged the sheets and covers, kissed them and whispered in their ears how much she loved them, how important they were to her and entrusted them to God’s care. She did this night after night, year after year, for an eternity, without noticing that at some point the children had grown and left home. And even now, the mother repeats this solemn, loving ceremony each night, blessing her children, without being aware of her own death years before. 
 
 
 
"Blessing" ("Bendición"), short story by Patricia Schaefer Röder, translated by Katherine Montague 
© 2016 Katherine Montague 
 
"Bendición" appears in Yara y otras historias, by Patricia Schaefer Röder 
© 2010 PSR 
Ediciones Scriba NYC 2010 
ISBN 97817326767718 
Buy it on Amazon.com 
 
 

lunes, 8 de marzo de 2021

EL EVENTO, Patricia Schaefer Röder



        Lo había planeado todo con el mayor de los cuidados. Tuvo la idea un miércoles por la noche, cuando todos dormían cansados la rutina de la media semana. Antes había visto el anuncio en Internet, pero en aquel entonces no se atrevía a soñar algo tan audaz. Sin embargo, esa noche del miércoles, la envolvió un halo dulce y luminoso que ella identificó como el alma de la libertad, olvidada hacía demasiado tiempo. Esa caricia tibia, infinitamente placentera, le hizo abrir los ojos como nunca antes. En medio de la oscuridad de su estrecha vida, de pronto lo veía todo; podía discernir entre las cosas verdaderas y las apariencias, y el espíritu preso se percató de que aquel cerrojo tenía llave…y la llave la esperaba encima de la repisa, junto a todas las demás. Embelesada, disfrutó aquella sensación emancipadora en lo que quedaba de noche, y a la mañana siguiente se sintió más viva que nunca. Con una sonrisa amplia y brillante, se vistió y se arregló, soñando con el evento. Sabía que sería grandioso, que si asistía, sería una experiencia inolvidable. El ánimo la tenía flotando muy por encima de los cúmulos y nimbos, más allá aun de los cirros. Sintiendo sobre su piel ese sueño divino, la mente se le despejó y comenzó a analizar la situación. Serían sólo tres noches. Tres noches y cuatro días en los que le pediría a la niñera que durmiera en casa para acompañar a los chicos. Les dejaría varias comidas preparadas para facilitarles su ausencia. Un taxi la llevaría y la recogería del aeropuerto. Ella se quedaría con una amiga; aún le quedaban varias buenas amistades de la época en que vivió en aquella ciudad, más de diez años atrás. Entre varias líneas aéreas buscó la mejor tarifa en pasajes a Nueva York, hasta que encontró los que se ajustaban a su horario y su bolsillo. Así se fue acercando poco a poco a la meta. Resolvió todas las diligencias que tenía en lista desde hacía tiempo, escogió la ropa perfecta para el viaje, alistó todo en casa y dejó a los niños preparados. Llegado el momento de abordar el avión, suspiró pensando en sus hijos, pero al mismo tiempo tranquila de saber que ellos estaban bien y que se alegraban de que su madre al fin se decidiera a hacer algo solamente para ella. Aprovechó el vuelo para descansar su emoción de niña con juguete nuevo y al llegar a la Gran Manzana estaba llena de energía como cuando era adolescente. Aprovechó el tiempo al máximo; sólo hacía lo que quisiera. Estuvo consigo misma, disfrutando de su propia compañía. Recordó viejos tiempos y se aventuró a pensar en el futuro. Las ideas burbujeaban en su cabeza como la última sopa que había preparado tan sólo unos días atrás en casa. En medio del peor frío invernal, caminó por las amplias aceras de aquella ciudad que, a pesar del tiempo y la distancia, seguía siendo suya. Una por una fue encontrándose con sus amigas, reviviendo anécdotas, poniéndose al día con sus vidas, escuchando atenta y contando episodios de la suya. Probó algunos restaurantes nuevos y repitió en otros conocidos mientras se acercaba el instante que tanto había esperado. Una ansiedad primordial la embargaba; no recordaba haberse sentido así en demasiados años. Se dirigió al lugar con bastante antelación, hizo la fila junto a muchos más que tenían la misma meta esa noche. Después de pasar un rato observando en detalle todo cuanto la rodeaba, los porteros indicaron que la espera había llegado a su fin y la dejaron entrar al recinto en medio de la vaguada humana en la que casi se ahogaba. Llegó hasta su asiento, se quitó el abrigo, acomodó sus cosas de la mejor manera y se entregó a la butaca que la recibía amable. Miró todo; no quería perderse de nada. Deseaba que cada segundo, aquellas formas y colores quedaran impresos en sus retinas. Sentada allí, se dio cuenta de que los años no la habían cambiado, que su naturaleza era más fuerte que las circunstancias y que su esencia seguía intacta. Esos momentos la hicieron descubrirse de nuevo como la mujer apasionada que siempre le había caído tan bien; aquella a la que le brillaban los ojos tan solo por la emoción de vivir cada día. En medio de tantas sensaciones juntas, el corazón se estremeció con suavidad mientras el alma sonreía, satisfecha. De pronto, todo oscureció. Unos acordes triunfales inundaron la sala cubriendo todas las superficies, entrando por ranuras, pliegues y poros, haciendo temblar todos los músculos de su cuerpo. Entonces, el evento comenzó.
 
 
©2014 PSR
 
 
"El evento" aparece en A la sombra del mango, relatos de Patricia Schaefer Röder
 
A la sombra del mango, Patricia Schaefer Röder  
Ediciones Scriba NYC – Colección Tinglar 
ISBN: 9781732676756 
 
 
Mención de Honor en los ILBA 2020 
 
 

sábado, 6 de marzo de 2021

"Vesalio 4”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale



"...Cuando Vesalio abrió su primer cadáver, hurgó en la cavidad torácica, sacó los órganos resbaladizos uno por uno, moviéndose con una velocidad y un apremio que obligó a su corazón a rendirse. Puso los órganos en la mesa sobre un paño, junto a los instrumentos. Como el hígado era más grande y oscuro que los demás, pensó que podía ser el hogar del Alma. ¿Pero cómo podía saberlo? ¿Acaso vibraría distinto? ¿Acaso le respondería si le hablaba?...". 
  
  
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9 
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

“Talya 2”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale

 


“...Talya fue purgada del útero de Katya tres días después de la fertilización, antes de que pudiera establecer una conexión placentaria o ser rechazada, y pasada a un tubo de ensayo. Revivió extasiada, soñando el futuro, el pasado, la matriz viva que recordaba, nadando en un mar de células que resonaban con recuerdos de sus ancestros. A través de la oscuridad notó un horizonte, una línea marcada de un anaranjado vívido que palidecía hacia un rubor amarillento salpicado de sombras. Estaba en manos de los médicos, viajando por un paraje blanco intenso, subiendo escaleras de vacíos nevados, pasando por cordilleras montañosas tan insubstanciales como nubes, cayendo en picada en un cráter abrasador donde se revolcaba, inundada, flotando, subiendo de nuevo a la superficie; un punto en un universo desconcertante. Así, viajó por nueve meses y estalló cargada de energía una tarde perfecta de agosto. La primera agresión fue un destello de luz, como puñales en los ojos, y gritó, sorprendiéndose a sí misma con el primer sonido vivo en lo que ella había dado por hecho como un mar de tranquilidad permanente...”.
  
  
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

“Vesalio 5”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale


  
  
“Alma inmortal, ¿dónde estás?” preguntó Vesalio, haciendo resonar aquellas palabras en el silencio de su actividad nocturna. ¿Pudiera estar dentro del órgano con forma de camarón que estaba enclavado junto a la gruesa vena central? No, había dos de esos. ¿Pudiera haber dos Almas en un cuerpo? Tuvo la visión de que el cuerpo era un árbol; las venas y arterias de extraordinaria belleza se extendían como ramas, mientras las raíces y zarcillos temblaban llenos de vida. Así decidió documentarlo. Sostuvo los órganos curvos, uno en cada mano, sintiendo su resonancia, la piel viscosa manchada de sangre, como cubiertas de salchichas. Oyó y sintió las voces que subían por sus brazos, estremeciendo sus venas, pero el Alma era escurridiza. Ella revoloteaba en sus sueños y bailaba delante de él, evadiéndolo en cada vuelta, al tiempo que sus pies taconeaban los adoquines de Bruselas, Lovaina, París, Padua, Venecia...”. 
  
  
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
  
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

viernes, 5 de marzo de 2021

“Talya & Dai Ling 1”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale



“...Tus dedos son maravillosos. Ellos recuerdan las notas de la música de violoncelo escrita por todos los grandes compositores. Cada punta está densamente codificada con información. Imagina la piel elevándose en respuesta a la música como una especie de Braille genético, encontrando las cuerdas, permitiéndoles ser leídas. Casi puedo oír la música al tocar tus dedos...”.


Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9


 

Ganadora del Primer Premio en Traducción de 
Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

“Dai Ling 3”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale




“...Mientras Dai Ling tocaba, se imaginó rompiendo círculos disectados por escalas que trepaban a los Cielos, donde un cinturón de doce signos zodiacales mapeaba la ruta de siete esferas clásicas: la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno... cada esfera girando a su ritmo, planetas que crean la armonía y disonancia de los Cielos, resonando en cada criatura, una parte microcósmica del todo, como el ADN, perfecto, ordenado; un rompecabezas inmenso que mantenía la unidad del mundo perceptible que luchaba por liberarse de una red invulnerable...”.
 
 
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

“Vesalio 3”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale




“Cada vez que Vesalio abría el cuerpo humano, su corazón saltaba. La primera vez, temblando de emoción, casi se desvaneció maravillado ante su naturaleza clandestina. “Ah, la verdadera Biblia”, susurró, “el cuerpo humano”. La Iglesia enseñaba que los muertos descargarían su venganza contra quienes profanaran el cuerpo, pero cuando Vesalio vio lo indefensa que era la carne despojada de vida, se conmovió profundamente; hasta el punto en que la ternura luchaba con la crueldad. Sintió el sufrimiento de la carne, el espíritu secuestrado dentro de ella. Recordó los gritos del gato que sus hermanos torturaron en Helle Straetken y cómo lo había observado todo, sin poder hacer nada; deseando detenerlos, queriendo matar al gato para parar sus chillidos...”.
 
 
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

jueves, 4 de marzo de 2021

ARTE NOCTURNO

"Arte nocturno", de Patricia Schaefer Röder © 2013 PSR.
Dedicado a Vincent Van Gogh en agradecimiento por su Noche estrellada.
Narrado por Araceli Blanco Rubio. 





https://www.youtube.com/watch?v=4VVPXuxGYl8&t=26s


ARTE NOCTURNO

…Veo los fuegos artificiales. Me estremezco hasta el tuétano, se me revuelven las emociones y de pronto empiezo a llorar. No puedo evitar maravillarme ante algo tan hermoso creado por la mano humana. Pienso que si somos capaces de fabricarlo, si somos sensibles para soñar, inventar y diseñar obras de arte tan sublimes, ¿por qué nos empeñamos en destruir el mundo, en lugar de llenarlo de cosas bellas? Busco los barcos en la oscura lejanía del río. Desde aquellas pequeñas plataformas espaciales improvisadas despegan los cohetes que pintan de luz y color la bóveda tiznada. Mis ojos me permiten colarme entre los cordones de seguridad y llegar al barco que está más al norte. Como una temeraria acróbata de circo, me sujeto a un cohete grande que está a punto de despegar. La mecha se va quemando y de pronto subimos a una velocidad loca, hacia el lienzo plomizo donde sucede la gigantesca función. Nos elevamos cada vez más y justamente antes de estallar en todo su esplendor, suelto el vehículo que me liberó de la gravedad. Al fin llegué. Me extasío viendo esas estrellas a mi alrededor que revientan rojas, blancas, doradas, verdes y violetas, unas dentro de otras, algunas más que se mueven en círculos, o que parecen reptar dibujando ondas en el espacio. Toda esta fiesta hace bailar a mi espíritu como lo hizo aquella madrugada de abril, nueve años atrás, cuando Rafael me besó por primera vez en esa divina salida de campo de la universidad bajo el manto del cometa Halley. Tomo su mano. Me mira y sonrío. Hoy soy yo quien lo besa desde el firmamento lleno de cometas fugaces pero tan reales…


©2013 PSR Dedicado a Vincent Van Gogh, en agradecimiento por la "Noche estrellada".
Fragmento tomado de un trabajo en proceso

miércoles, 3 de marzo de 2021

“Talya 4”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale




“...Talya oyó un suspiro y no supo si era su propio aliento, uno de los estudiantes, o un sonido póstumo del cuerpo traumatizado. Bajó el bisturí y procedió ahora con las dos manos, como si tuviesen vida propia, extirpando órganos vitales, pesando, disecando, hasta que el torso se convirtió en una cavidad vacía. Entonces, el patólogo dio un paso al frente con una sierra manual y pasó a través del esternón. Allí estaba el corazón, pálido y marchito. Ella deseó que el hombre estuviese vivo para que ella pudiese ver sus órganos palpitando; oír su sinfonía. En ese momento, todo lo que deseaba era presenciar la armonía de la estructura del cuerpo viviente; los misterios de su desnaturalización...”.
 
 
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019 
 
 

“Talya & Dai Ling 2”, fragmento de ‘Mi dulce curiosidad’, novela de Amanda Hale




“—A veces sueño la música más exquisita. Bueno, no es exactamente música; es más como una armonía queda, pero puedo sentirla en mi cuerpo. Es como todos los sonidos del mundo: el canto de las aves, el viento, los océanos y ríos, todo junto en una armonía loca. En mi sueño pienso que debo recordarla y tocarla cuando esté despierta, pero al despertar todo es distinto. Entonces me siento muy desilusionada y por un rato pienso que todo lo que tocamos es solo un eco superficial de esa... música celestial.

—Eso es lo que pasa —aseguró Talya, cayendo en cuenta—, cuando conoces a alguien que te hace ver las cosas de otra forma. Hace que se ilumine una parte de ti que ha estado en la oscuridad...”.
 
 
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
 
 
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019