“Cada vez queVesalio abría el cuerpo humano,su corazón saltaba.La primera vez,temblando de emoción,casi se desvaneció maravilladoante sunaturaleza clandestina.“Ah,la verdaderaBiblia”, susurró, “el cuerpohumano”. La Iglesia enseñaba que los muertos descargarían su venganza contra quienes profanaran el cuerpo, pero cuando Vesalio vio lo indefensa que era la carnedespojada de vida,se conmovió profundamente; hasta el punto en que la ternura luchaba con lacrueldad. Sintió el sufrimiento de la carne,el espíritu secuestrado dentro de ella.Recordó los gritos del gato que sus hermanos torturaron enHelleStraetkeny cómo lo había observado todo,sin poder hacer nada;deseando detenerlos,queriendo matar al gato para parar suschillidos...”.
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019
…Veo los fuegos artificiales. Me estremezco hasta el tuétano, se me revuelven las emociones y de pronto empiezo a llorar. No puedo evitar maravillarme ante algo tan hermoso creado por la mano humana. Pienso que si somos capaces de fabricarlo, si somos sensibles para soñar, inventar y diseñar obras de arte tan sublimes, ¿por qué nos empeñamos en destruir el mundo, en lugar de llenarlo de cosas bellas? Busco los barcos en la oscura lejanía del río. Desde aquellas pequeñas plataformas espaciales improvisadas despegan los cohetes que pintan de luz y color la bóveda tiznada. Mis ojos me permiten colarme entre los cordones de seguridad y llegar al barco que está más al norte. Como una temeraria acróbata de circo, me sujeto a un cohete grande que está a punto de despegar. La mecha se va quemando y de pronto subimos a una velocidad loca, hacia el lienzo plomizo donde sucede la gigantesca función. Nos elevamos cada vez más y justamente antes de estallar en todo su esplendor, suelto el vehículo que me liberó de la gravedad. Al fin llegué. Me extasío viendo esas estrellas a mi alrededor que revientan rojas, blancas, doradas, verdes y violetas, unas dentro de otras, algunas más que se mueven en círculos, o que parecen reptar dibujando ondas en el espacio. Toda esta fiesta hace bailar a mi espíritu como lo hizo aquella madrugada de abril, nueve años atrás, cuando Rafael me besó por primera vez en esa divina salida de campo de la universidad bajo el manto del cometa Halley. Tomo su mano. Me mira y sonrío. Hoy soy yo quien lo besa desde el firmamento lleno de cometas fugaces pero tan reales…
“...Talya oyó un suspiro y no suposi era su propio aliento,uno de los estudiantes,o un sonido póstumodel cuerpo traumatizado.Bajó el bisturíyprocedió ahora con las dos manos, como si tuviesen vida propia, extirpando órganos vitales, pesando, disecando, hasta que el torso se convirtió en unacavidad vacía. Entonces, el patólogodio un paso al frente con una sierra manualypasó a través del esternón. Allí estaba el corazón, pálido ymarchito. Ella deseó que el hombre estuviese vivopara que ella pudiese ver susórganos palpitando; oír susinfonía. En esemomento, todo lo que deseaba era presenciar la armonía de la estructura del cuerpo viviente; los misterios de sudesnaturalización...”.
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019
“—A veces sueñola música másexquisita. Bueno, no es exactamente música; es más como una armonía queda, pero puedo sentirla en mi cuerpo.Es como todos los sonidos del mundo:el canto de las aves, el viento, losocéanos y ríos, todo juntoen una armonía loca.En mi sueño pienso que debo recordarlay tocarla cuando esté despierta,pero al despertar todo es distinto.Entonces me siento muy desilusionaday por un rato pienso quetodo lo que tocamos es solo un eco superficialde esa...música celestial.
—Eso es lo que pasa —aseguró Talya, cayendo en cuenta—, cuando conoces a alguien que te hace ver las cosas de otra forma. Hace que seilumine una parte de ti que ha estado en la oscuridad...”.
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019
“Vesalio percibe unaviolencia fugazdentro de sus propiosmúsculos, huesos y sangre, atenuadaal mismo tiempo por otra parte de él. No presta atención al silbidode su sangre, al murmullo de su corazón.Se mueve como unamáquina,rápido y preciso. Filas de hombres jóvenes de cabellos oscuros se inclinan hacia delante, haciendo un esfuerzo para ver el cuerpo expuesto, el suave terciopelo de susvoluminosas mangas formando pliegues sobre las duras superficies delos atriles de madera veteadosmientras elcadáverdisecado baila de maneragrotesca, con las rodillas dobladas, la cabeza hacia atrás, las palmas derramandoguantes de piel por los huesosdescubiertosde las manos.La bóveda vacía de la caja torácicaestá cercada decostillas amarillentas.El Alma haescapado...”.
Mi dulce curiosidad, novela de Amanda Hale
Traducción de Patricia Schaefer Röder
2017 Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-7-9
Ganadora del Primer Premio en Traducción de Novela de Ficción en los ILBA 2019